Culpable
Es de noche, está lluvioso, y María Inés bebe un café humeante mientras descansa en un amplio sillón leyendo de a ratos una revista de decoración de interiores. Rodolfo, el esposo, prepara un puré de manzanas, su especialidad, para acompañar un corte de cerdo que está comenzando a despedir su aroma. La noche, aunque gris, promete a estos dos esposos una cena especial, como todas las noches en realidad. Un plato sofisticado y una botella de vino fino sobre la mesa frente a la laguna del barrio privado donde viven hace años. De repente, María Inés, dejando los lentes sobre la mesa ratona, se levantó y caminando hacia donde su esposo cortaba las manzanas le preguntó con cierta preocupación: —¿Gordo, no te pusiste el reloj hoy? El reloj a que se refería era un exclusivo modelo de una marca americana que Rodolfo había comprado en un viaje a Estados Unidos y que lucía solamente para ir al banco donde trabajaba. —No gorda, me lo olvidé hoy a la mañana, supongo que sobre ...